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  • Los plagios literarios, un dilema siempre difícil de probar

Enviar aquesta notícia per e-mail Imprimir aquesta notícia cultura 25. 10. 2000

Los plagios literarios, un dilema siempre difícil de probar

El último escándalo:Sabor a hiel, firmado por Ana Rosa Quintana

Luis Fdez. Zaurín
El tema del plagio literario sigue estando sobre la mesa, especialmente después de que la conocida presentadora de televisión Ana Rosa Quintana reconociera "su error" al pasar el borrador de Sabor a hiel, cuya autoría sigue reclamando.
La periodista Ana Rosa Quintana explicó que puso el texto de Sabor a hiel, su primera novela, en manos de un colaborador suyo para que lo revisara. Todo indica que el citado "colaborador" es su excuñado David Rojo, de quien afirma, sin citarlo, que "llenó el libro de aportaciones ajenas cuando procedía a corregirlo".

La acusación contra Quintana fue lanzada por la revista Interviú, que recibió la carta de una lectora en la que advertía que algunos párrafos de una novela de la escritora Danielle Steel, coincidieran casi literalmente con Sabor a hiel salvo en los nombres de los protagonistas.

La novelista principiante que en principio atribuyó ese error a un problema informático, ha tenido que ir dando explicaciones conforme Interviú iba goteando los nombres de más autoras y novelas cuyos párrafos reproduce fielmente la citada novela. Este es el caso de Angeles Mastretta y de Mujeres de ojos grandes y Colleen Mc Cullough con El pájaro canta hasta morir).

El caso de E.T., escritor valenciano
Sobre este asunto, el escritor valenciano E.T, asegura que los plagios son muy difíciles de probar: "la mayoría de las veces quien incurre en él gana en caso de que haya litigio". Este joven novelista, para más ‘inri' abogado, ha demandado a un famoso novelista por lo que considera un plagio de su primera novela, obra que ganó un premio que lleva el nombre de una capital andaluza.

Tres años después de que la editorial que patrocinaba el galardón editará el libro ganador en colaboración con el Ayuntamiento de la ciudad en cuestión, otra importante editorial editaba un libro sobre el que, en opinión de E.T., "hay motivos razonables para pensar que es un plagio del mío.

Tras enviar copias de los dos libros a dos conocidos críticos literarios, estos concluyeron que había indicios de plagio, pero le advirtieron de la gran dificultad de probarlo. Sin embargo le remitieron a un abogado de Madrid que tiene una gran experiencia en este tipo de asuntos. Pero E.T. explica que la opinión del abogado le hizo desistir: "Es muy difícil probar plagios porque no hay sentencias sobre el tema. Todo queda en manos del juez, que puede emitir una opinión u otra según su propio criterio".

Así, la única alternativa de E.T. era embarcarse en una denuncia que podía ser larga, costosa y de resultado más que dudoso, por lo que resolvió no hacerla. "Llamé el escritor que me había plagiado y tuve con él una cita en Madrid. Fue muy amable, me llevó de copas y me dijo que hiciera lo que quisiera, pero que lo tenía muy mal". Sobre la cuestión del plagio él arrojaba balones fuera "aunque yo tengo constancia escrita de que él conocía mi texto antes de escribir su novela", asegura E.T., "pero tal y como estaban las cosas no pude hacer nada".

Josep Pla y Camilo José Cela también estuvieron en el punto de mira
La historia de escritores copiones en la literatura es larga. Sin ir más lejos, Josep Pla, más que plagiar, copió literalmente en algunas ocasiones artículos y textos de otros autores con el agravante de que jamás lo negó e incluso de que se vanaglorió de ello. Algo, según se mire, de lo más honrado.

Otro caso sonado fue el del Nobel Camilo José Cela y su novela La cruz de San Andrés, ganadora del premio Planeta. La obra presentaba párrafos y algunas cuestiones de estructura muy semejantes al libro presentado por una escritora desconocida unos años antes al mismo premio sin éxito ninguno. Pero la denuncia no tuvo tanta trascendencia y se supone que la editorial resolvió el asunto de manera discreta para no llamar la atención.

En el caso de Sabor a hiel, novela que aún tiene doscientas páginas cuya autoría está por adjudicar Planeta ha optado por la retirada, aunque el daño ya está hecho y la trayectoria profesional de Quintana ha quedado notablemente empañada por algo de lo que todo el mundo habla y que nadie reconoce: la contratación de escritores jóvenes o poco conocidos –‘negros' en el argot- para escribir libros que firman otras personas.

A estos profesionales del lado oscuro de la literatura lo único que cabría pedirles es que si copian –algo que no es impensable dados los bajos sueldos que cobran y la nula proyección profesional que les asiste al no firmar el texto- es que lo hagan bien salvo que estén pidiendo a gritos que el caso se haga público, algo que a veces les podría resultar más rentable que escribir el libro: el dinero que el autor real de Sabor a hiel podría obtener a cambio de unas declaraciones –por ejemplo- en Interviú, sería mucho mayor que el que ha debido obtener por su trabajo, en esta ocasión bastante chapucero.