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  • Joglars e Senglars, en tierra de nadie

Enviar aquesta notícia per e-mail Imprimir aquesta notícia cultura 20. 10. 2000

Joglars e Senglars, en tierra de nadie

Luis F. Zaurín

El Cicle de Tardor del Barradas ofrece un panorama ecléctico. Un abanico amplio de géneros e intérpretes conforma una programación pensada para satisfacer a un público amplio y variado.
Uno de los peligros de apostar por ese criterio a la hora de plantear un ciclo es que al final no contente del todo a nadie, pero se entiende que, a la búsqueda de un lugar en el mapa musical, sus responsables opten por la variedad a la que me refería antes e incluso por el riesgo, algo que no todo el mundo está dispuesto a correr.

Así, además de las jugadas ganadoras de antemano, como Mª del Mar Bonet, es posible contar con artistas como Javier Ruibal –canción de autor andaluza- (no se lo pierdan) de gran calidad y prestigio aunque su trabajo no haya llegado todavía al gran público y –dentro de la música clásica- formaciones como Festino Baroco (que sin duda no les va a defraudar).

Por otro lado, asumiendo los riesgos de contar con formaciones "jóvenes", el Cicle de Tardor no ha renunciado a traer a la ciudad a grupos como Joglars e Senglars, propuesta que se agradece porque demuestra la voluntad de los organizadores de dar oportunidades a grupos que, por encima de sus bondades y carencias, luchan por abrirse un lugar en el mundo de la música.

Joglars e Senglars se define como grupo de folk fusión orientado a la tradición celta, que definen como música tradicional irlandesa, escocesa, inglesa medieval y gallega y que incorpora arreglos de jazz, new age, ritmos latinos, rock, etcétera. Y lo primero que se le viene a uno a la cabeza es que este cóctel tiene demasiados ingredientes –y además poco definidos- para que el sabor sea reconocible. El "invento" no es suyo: en los últimos tiempos hay muchos grupos que están en esa tierra de nadie y que, independientemente de la calidad de sus músicos y de sus temas, pisan ese suelo resbaladizo que, sin embargo cuenta con un público entusiasta y más numero de lo que se podría pensar. Habrá que ver si esta adhesión es flor de un día o se asienta con fuerza en el panorama.

Joglars e Senglars es un grupo relativamente joven formado por músicos jóvenes que tienen ese punto de ilusión y descaro que se agradece aunque su propuesta aún esté por definir. Si atendemos a la actuación de este pasado jueves hay que advertir que todavía les queda trabajo si quieren abandonar un cierto regusto amateur, algo por otra parte fácil de entender si tenemos en cuenta su "juventud" como formación. La calidad de sus músicos es, aunque irregular, aceptable, destacando sobre los demás Víctor Fernández –gaita gallega, uilleann pipes i whistle-, Miguel Angel Vera –piano, teclados y percusión- y David Lafuente, flauta travesera, irlandesa y percusión.

El repertorio estuvo integrado por piezas diversas y centrado en los temas de su próximo disco. La autoría de los temas interpretados fue plural y abarcó creaciones propias, como el interesante y lúdico El vuelo de la avutarda, de David Lafuente, el retórico Árbol de agua, de Miguel Angel Vera o piezas de otros autores como A camposa, de Miguel Romero Suárez y que fue, posiblemente, lo que mejor sonó.

A Joglars e Senglars les queda trabajo. Están en un género difícil y uno de los peligros que corren es el no acabar de definir suficientemente su propuesta y querer agradar a un público demasiado amplio. Solo así se entienden ciertas frivolidades en los arreglos con guiños al jazz, a la música latina, a la new age, etcétera.

Por lo demás vale la pena destacar su energía y sus ganas, que dejaron buen sabor de boca en un público que no llegó a las cien personas, algo que, tal y como están las cosas no es moco de pavo.