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Enviar aquesta notícia per e-mail Imprimir aquesta notícia cultura 17. 10. 2000

Sarah Lucas: autorretratos y más sexo

Luis F. Zaurín

Hasta el siete de enero próximo será posible pasarse por la Sala Molí del Centro Cultural Tecla Sala de la ciudad para ver la exposición de la inclasificable y provocadora Sarah Lucas.
Junto al contenido de la muestra se puede contemplar una serie de fotografías de la artista británica realizadas 1990 y 1998 así como una instalación pensada para ex profeso para esta exposición. ¿Qué es lo que uno puede encontrar allí? Entre otros elementos instalaciones cuyos estimulantes títulos responden a Chupa nena o Que se joda el destino, algo que no debe sorprender en una artista considerada, junto a Tracey Emin y Gillian Wearing, una de las tres "chicas malas" del joven arte británico.

Otras piezas de interés desigual serían la serie de autorretratos -casi lo más interesante de la muestra-, las integradas por mobiliario viejo, ropa femenina, bombillas y por elementos orgánicos de origen diverso. Todo ello con la intención más o menos velada de construir un discurso en el que el sexo tiene una presencia muy destacada. Así, con elementos surrealistas y otros prestados del movimiento Dadá (literalmente "nada") Lucas no duda en exponer un pepino encima de una cama cuyo título es Sensation -para aludir a la relación de pareja- o introducir lenguas de animales muertos en frascos de cristal.

En principio sería fácil hacer una valoración visceral -en el amplio sentido del término- y pensar si Sarah Lucas no se estará riendo del personal. Una visión más pausada del trabajo de esta iconoclasta artista plástica puede llevar a opiniones distintas. Según los gustos y sensibilidades del espectador, aunque habrá quienes salgan ofendidos, aunque como dice el refrán "Para los gustos están los colores". También puede mover a la reflexión el hecho de que cuando inició su trabajo junto al colectivo yBas con la exposición conjunta Frezze, realizada en Londres en 1988, todos sus compañeros vendieran obra menos ella. Aunque curiosamente, el coleccionista Charles Saatchi -que no adquirió nada de Lucas en la citada muestra- haya terminado apadrinándola. Aunque para acabar con las cuestiones comerciales es interesante saber que la Modern Tate Galery tiene piezas cuyo precio rebasa las 30.000 libras.

Vale la pena destacar la coherencia vital, estética y artística de Sarah Lucas, que expresa una coherencia que facilita la comprensión de su obra. Lucas se declara heterosexual, juega con el lenguaje soez introduciendo elementos de la publicidad con una clara voluntad irónica y crítica en los títulos de sus obras y su aspecto, despreocupado no parecía el de la persona que estudia con meticulosidad ese aparente descuido.

Un elemento positivo es la presencia de criterio en la programación de la Tecla Sala, a cargo de Victoria Combalía, uno de los "pesos pesados" del arte contemporáneo español cuya opinión tiene un peso considerable en los medios artísticos.

Ya ha habido (aunque habrá más) exposiciones que resulten chocantes a quien no tenga los referentes necesarios para acercarse sin más a exposiciones como ésta; y tampoco faltarán quienes se pregunten si tiene mucho sentido una muestra así en una ciudad como L'Hospitalet no abundan los espacios dedicados a las artes plásticas.

Lo que está claro es que Combalía parece saber bien lo que se hace y que, por otra parte, la capacidad de la ciudad para proyectarse y de ir más allá de sí misma a través de exposiciones como esta siempre es algo cuyo valor no debe desdeñarse. Luis F. Zaurín